Rasgar la piel al enemigo
Luis Almagro, siniestro personaje que preside uno de los grandes tentáculos del imperio llamado Organización de Estados Americanos, es un ejemplar muy singular al cual resulta difícil caracterizarlo, pues se le puede calificar como cínico, hipócrita, perverso, lacayo y hasta obediente sabueso.


El significado de la palabra democracia es también víctima de una escandalosa hipocresía por parte de muchos gobiernos ocupados, alevosamente, en luchar contra ella.
El 7 de diciembre de 1989 se dio sepultura en suelo patrio a los restos mortales de cubanas y cubanos que ofrendaron sus vidas en misiones internacionalistas en otros países. La Revolución Cubana dio con ello culminación a una trascendental época de toda nuestra historia.
No hay que analizar mucho para percatarnos de las “virtudes” de este personaje que ya la humanidad aborrece, sobre todo por los que luchan por un mundo mejor.
“Basta de palabras, hacen falta hechos”. Pareciera que nuestro Fidel acaba de pronunciar las palabras que presiden estas líneas y, sin embargo, están incluidas en un memorable discurso ante la ONU hace ya años.